Cambios en las monedas mexicanas: Eficiencia productiva en un contexto de inflación moderada
- Polina Khazina

- 11 dic 2025
- 3 Min. de lectura
En los últimos días, un post viral en X ha generado debate sobre la supuesta "muerte silenciosa" del peso mexicano, aludiendo a cambios en la composición de monedas de baja denominación. El mensaje, compartido por el analista económico Guillermo Barba, sugiere que el Banco de México (Banxico) está reemplazando materiales por "acero barato" debido a que el valor de los metales supera su denominación facial, un fenómeno atribuido a la inflación. Si bien el tono es alarmista, los hechos revelan una medida técnica y pragmática para optimizar costos, sin impacto directo en el poder adquisitivo de la moneda. A continuación, un resumen basado en datos oficiales de Banxico y fuentes verificadas.

Los cambios anunciados: De bronce a acero recubierto
Banxico, en coordinación con la Casa de Moneda de México, inició en noviembre de 2025 la transición hacia nuevas monedas de 1, 2 y 5 pesos. Estas incorporan un núcleo de acero recubierto de bronce (mediante electrochapado), en lugar del bronce-aluminio tradicional. El diseño, peso y tamaño se mantienen idénticos, asegurando compatibilidad con cajeros automáticos y clasificadores. Esta modificación se extenderá a las monedas de 10 y 20 pesos a partir de 2026, con aprobaciones legislativas recientes en la Cámara de Diputados y el Senado. Para la de 10 pesos, el núcleo pasará a acero recubierto de níquel; la de 20 pesos adoptará un diseño bimetálico genérico, con opciones como acero recubierto de bronce en el anillo perimétrico.
El objetivo principal es reducir costos de producción en 300 a 400 millones de pesos anuales, ante fluctuaciones en los precios internacionales de metales como cobre y aluminio. Además, el nuevo material aumenta la durabilidad (hasta un 50% más resistente al desgaste) y alinea la acuñación con criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), minimizando el uso de recursos no renovables. No se menciona en los anuncios oficiales que el valor del metal exceda el facial de las monedas –un argumento común en economías hiperinflacionarias como la Venezuela de 2010–, sino la eficiencia operativa en un entorno de precios volátiles.
Contexto económico: Inflación controlada, pero presiones persistentes
La narrativa de "robo legal" vía inflación ignora que México mantiene la inflación dentro de su
banda objetivo. En noviembre de 2025, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) general registró un 3.80% anual, un repunte leve desde el 3.57% de octubre, pero aún en el rango de 3% ±1% establecido por Banxico. El componente subyacente (excluyendo alimentos y energía) subió a 4.43%, reflejando presiones en servicios y mercancías, pero la política monetaria –con tasas de interés en 10.50%– ha contenido el avance.
El tipo de cambio del peso frente al dólar se mantiene estable alrededor de 18.18-18.71 pesos por unidad en diciembre, con una depreciación acumulada del 1.68% en el último mes, influida por factores globales como la fortaleza del dólar y la desaceleración en exportaciones manufactureras. Esto contrasta con devaluaciones históricas, como la de 1994 (50% en meses), y subraya la resiliencia del peso, respaldado por reservas internacionales de 230 mil millones de dólares.
En cuanto al uso de monedas, la inflación acumulada ha reducido su circulación: en 2025, solo el 15% de transacciones minoristas involucran efectivo en baja denominación, según estimaciones de Banxico, favoreciendo pagos digitales. Los cambios no eliminan su poder liberatorio, que se limita a 100 unidades por transacción para evitar abusos.
Implicaciones prácticas y recomendaciones
Para los usuarios, el impacto es nulo: las monedas antiguas coexistirán con las nuevas hasta su retiro gradual (estimado en 5-10 años). No hay incentivos para fundirlas, ya que su valor intrínseco sigue por debajo del facial, y hacerlo violaría normativas contra la destrucción de moneda. Respecto al aguinaldo –mencionado en el post–, solo el 27% se invierte, según encuestas de Banxico; el resto se destina a consumo, un patrón estacional que no altera la estabilidad monetaria.
En resumen, estos ajustes reflejan una gestión proactiva de Banxico ante desafíos globales, no un colapso del peso. Para preservar valor, expertos recomiendan diversificar en instrumentos indexados a inflación (como UDIS) o activos reales, en lugar de narrativas catastrofistas. México avanza hacia una economía más digital y sostenible; el "silencio" es de eficiencia, no de crisis.



